Empezar el año suele caracterizarse por hacer visitas médicas. En realidad, no hay una razón biológica para hacerse los estudios entre enero y marzo. La elección de época es una costumbre por varios factores. En el rango de lo psicológico se la asocia con metas, salud y organización. Mentalmente, es más fácil recordar que el chequeo toca en marzo que "me toca el 14 de agosto", es decir, ayuda a que no se nos pase la fecha.
También mentalmente da esa tranquilidad de “deber cumplido”, librándose de una tarea menos de cara a los meses que vienen y para ello el tiempo de las vacaciones de verano se presenta como el momento justo. En algunos países, las coberturas médicas o presupuestos de salud se renuevan anualmente, y la gente aprovecha para usar sus beneficios temprano.
Llega un momento de la vida en que los exámenes médicos no pueden dejar de hacerse para que el cuerpo siga en funciones óptimas. Tanto para hombres y mujeres una edad segura para adoptarlos son los 30 años. Luego, citando como base el ingreso a la década de los 40, los estudios pasan de ser una recomendación a ser una obligación.
Para quitarle esa carga de esfuerzo hay puntos fundamentales a tener en cuenta. Curiosamente un hábito de cuidado no debería generar un peso existencial, como algunos lo sienten, pero ¿dónde está el error? Como ya se dijo antes, chequearse a principios de año se volvió una costumbre por lo que todos los laboratorios están al tope y es difícil conseguir turnos.
La frustración aparece y es probable que un siguiente chequeo sea evitado. En lugar de ir a los médicos cuando el año comienza, hay que buscar un tiempo que logísticamente nos sea cómodo más allá del tiempo libre que se disponga. También es importante la agilidad con la que se lleven a cabo las consultas. No es aconsejable sacar todos los turnos para la misma semana porque puede ser agobiante.
Elegir semanas del mes de cumpleaños resulta fácil de recordar y hasta tendrá un simpático efecto. “Cumplo años, me regalo salud" y así es seguro que siempre habrá pasado un año entre controles. Si los meses de demanda alta están identificados con claridad, los de baja también y si el trabajo o rutina lo permite, hay que elegir esas semanas para agendar los turnos.
¿Cuales son los especialistas esenciales a consultar?
El mejor comienzo es ir al médico de cabecera o Clínico. Su rol en el esquema de chequeo es de DT de un equipo. El pedirá el análisis de sangre completo que desde el laboratorio hará que el “cuerpo hable”: el hemograma y la glucemia, descartará anemia y diabetes, el perfil lipídico, la función renal y hepática también será evaluada y el control de presión arterial será vital para prevenir complicaciones cardíacas.
En el caso de las mujeres, a partir de los 40, el calendario cambia un poco: el Papanicolaou (Pap) y Colposcopía debe ser anual para detectar cáncer de cuello uterino, lo mismo con las mamografías. Mientras que a los 30 suele ser necesaria solo la ecografía si hay dudas, pero a los 40 es la regla de oro, al igual que la ecografía transvaginal para revisar útero y ovarios.
En los hombres la visita al urólogo es primordial. Entre los 30 y 40 el motivo es si aparecen problemas de fertilidad o disfunción, pero el control preventivo fuerte empieza a partir de los 45 en la próstata (tacto rectal y antígeno prostático PSA).
Para mantener de la mejor manera al corazón el control cardiológico debe hacerse cada uno o dos años. Los estudios de cabecera son el electrocardiograma y ergometría, en especial si se hace ejercicio o se vive mucho estrés.
En cuanto a la gastroenterología, hay un nuevo estándar: la colonoscopía, antiguamente se decía que debía hacerse a los 50, pero las nuevas guías internacionales sugieren empezar a los 45 años. Si hay antecedentes familiares, la consulta debe hacerse lo más pronto posible. El chequeo anual físico no se trata solo de no enfermarse, sino de vivir con tranquilidad y energía para evitar sorpresas que interrumpan el ritmo de vida durante el año.